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¿Gobernanza de los campamentos de refugiados palestinos o reingeniería de los mismos?

Hisham Issawi

Martes, 20 de octubre de 2026

Las miradas de palestinos y libaneses en el Líbano se dirigen hacia el plan de gobernanza de los campamentos de refugiados palestinos, cuyas disposiciones el Comité de Diálogo Libanés-Palestino tiene previsto anunciar a finales de este mes. ¿Cuáles son los antecedentes de este anuncio? ¿Qué significado tiene el momento elegido? ¿Y qué ocurre con los derechos civiles de los refugiados palestinos en el Líbano?

Son preguntas para las que nadie tiene respuestas claras, especialmente la última, relativa a los derechos civiles de los refugiados palestinos en el Líbano. Desde hace más de un año, hemos sido testigos de la aprobación de nuevas leyes y decisiones en el Líbano que afectan al personal de enfermería y a los profesionales palestinos de los medios de comunicación. ¿Cómo podrá entonces tener éxito este plan mientras continúa la política de restricciones y asedio contra los palestinos en el Líbano? ¿Y acaso quienes elaboraron el plan visitaron los callejones de los campamentos de Bourj al-Barajneh, Rashidieh y Ain al-Hilweh antes de prepararlo?

Hay otra cuestión sobre la que la opinión pública palestina debe detenerse a reflexionar: la persistencia de la visión oficial libanesa de los campamentos como enclaves de seguridad, paralelamente a ciertos discursos periodísticos que continúan insinuando una demonización de los campamentos, con el objetivo de debilitarlos, socavar su capacidad de resistencia y someterlos a proyectos de apoyo psicológico y planificación familiar. A esto se suma la creación de un terreno fértil para la propagación de la lacra de las drogas en la sociedad palestina, convirtiendo así los campamentos en un «hombre del saco» y en un «arma» que se esgrime contra los palestinos cada vez que reclaman sus derechos.

La etapa actual que atraviesan nuestros campamentos es delicada y crítica. Exige un despertar cultural e intelectual entre la juventud de los campamentos, que les permita determinar lo que quieren y levantarse contra las políticas de asedio y desplazamiento, así como contra las políticas de la UNRWA, cuyo proceso de desmantelamiento progresivo de sus servicios parece destinado a continuar hasta la última pastilla de medicamento en sus clínicas. Es entonces cuando comienza una oleada de lamentaciones, condenas y comunicados de rechazo, en una respuesta que no va más allá de una política meramente reactiva. Es esta política la que ha permitido a la directora de Asuntos de la UNRWA, Dorothy Klaus, y a quienes están detrás de ella, atreverse a atacar a nuestros estudiantes mediante el cierre de escuelas y la fusión de clases; a nuestros enfermos, mediante la continuación de la política de reducción de los servicios de hospitalización; y a nuestro pueblo, mediante una campaña de distribución de harina tan ridícula como dolorosa, por lo que revela sobre el estado de privación e ignorancia al que hemos llegado.

Ha llegado el momento de decir «no» a cualquier plan que pretenda rediseñar nuestros campamentos y cambiar su identidad bajo un nuevo término llamado «gobernanza».

Ha llegado el momento de decir: «¡Basta ya!». Queremos todos nuestros derechos. No somos un expediente de la política interna libanesa, ni somos meras cifras para los donantes extranjeros.

Los derechos humanos no se conceden a cambio de concesiones políticas. El derecho de los palestinos a trabajar en el Líbano no es un favor de nadie, sino un deber y un interés libanés para preservar la estabilidad, además de un interés puramente económico que contribuye a mejorar el ciclo de producción industrial, agrícola y de servicios. En cambio, someter a los palestinos al hambre y obligarlos a concentrarse en asegurar su sustento diario amenaza con provocar una explosión social y popular.

Ha llegado el momento de un levantamiento popular nacional palestino, y no debemos vacilar en trabajar para hacerlo realidad, con el fin de fortalecer nuestros campamentos y preservar la dignidad de sus habitantes, esa dignidad que algunos intentan redefinir como una «caja de ayuda alimentaria» de una asociación o un vale de compra de otra.

Ha llegado el momento de reactivar la organización sindical en los campamentos de refugiados palestinos, definir los derechos de los trabajadores de conformidad con el derecho internacional y alzar la voz con fuerza contra todas las políticas de injusticia, privación y hambre.

Publicado originalmente en Al-Akhbar.